20 de julio de 2011

Nuevo Mundo



Avanzamos todos lentamente como tortugas marinas, recorriendo largas distancias, haciendo frente a todo tipo de trabas y obstáculos en un viaje sin fin. Navegamos tanto en aguas frías como calientes, con llamas flameantes fundiendo piedras y bellas perlas, o con rocas muertas lastradas por corrientes hasta fondos desolados. Contenemos la respiración en busca de la comida que alimente nuestro camino con temor a ahogarnos, siguiendo la luz, no lejos de la superficie con la que salimos a respirar esperanza. Somos tortugas sí, pero nuestra sombra deslumbra como hormigas, en conjunto caminando y labrando el campo sobre el que nos postramos, colonizando tierras perdidas y pacíficas o aumentando otras de espacio reducido. Trabajando y luchando por crecer sin más. Y yo que ahora me aventuro a salir de la isla hacia un nuevo mundo, respirando esperanza, lentamente, a contracorriente. 
Quién sabe si algún día volveré a poner huevos donde de ahora parto…



19 de julio de 2011

Gotas solitarias


Es curioso cómo corren las gotas por la ventana del autobús juntándose y separándose unas con otras, deslizándose tan suavemente, tan lentamente, inertes a la velocidad, adheridas al cristal. El agua y la oscuridad del día impiden que pueda observar claras instantáneas del exterior; aun así, saco la cámara con la intención de fotografiar algo. Tal vez logre captar un extraño efecto del agua, o quién sabe, tal vez capte una imagen abstracta que queriendo nunca surgiría. Siempre me ha encantado la espontaneidad, tan natural, tan simple, sin tapujos… tan natural. Aprieto el botón y un par de instantáneas aparecen en la pantalla digital. Nada. Pienso, y decido simplemente sacar fotos, lo espontáneo, ya sin intención de lograr algo, simplemente captar el momento, ver las cosas, la situación tal y como es, sin interpretaciones, sin emociones. Saco varias instantáneas, y repito otra vez varias fotos abriendo más el diafragma para captar mejor la luz. Tras varios minutos de distracción con la cámara, la guardo e intento divisar costosamente dónde nos encontramos. Dos paradas más y me bajo. Me fastidia tener que comprar un nuevo paraguas, siempre los pierdo o se me rompen, yo tan despistado. Intento divisar otra vez por la ventana pero mi vista esta vez se centra en una gota que cae verticalmente perpendicular a las demás, a contracorriente, rebelándose al resto, como si quisiera desatarse de una injusticia, de las leyes naturales a las que está expuesta, desafiando propiamente no sólo al rebaño, sino a la mismísima naturaleza. Saco inmediatamente la cámara y la calibro, enfoco bien el objetivo y congelo el momento para la eternidad. Aquella gota que deja atrás su trayectoria para echarse a un mundo desconocido, infringiendo las leyes a las que está expuesta, desafiando al mundo entero, como si hubiese sido reprimida y quisiera gritar por su libertad. Se aventura por un camino desconocido, quien sabe si con miedo, pero sin remedio. El mismo camino que otros ya escogimos.